Siete entradas, un hit: la noche en que Michael King apagó a los Cubs
37 de 97 lanzamientos en strike cantado o swing al aire: el sinker congelaba y el sweeper hacía fallar. Y la temporada que no anunciaba esto.
Las métricas avanzadas explicadas sin jerga y aplicadas a la temporada en curso. xERA, xwOBA, CSW%: qué miden, cómo leerlas y a quién están delatando ahora mismo.
Aquí separamos lo que un jugador hace de lo que le pasa. La efectividad cuenta lo que ocurrió; la calidad del contacto cuenta lo que merecía ocurrir. Cuando esos dos números se separan, hay una historia — y casi siempre termina con la suerte corrigiéndose.
37 de 97 lanzamientos en strike cantado o swing al aire: el sinker congelaba y el sweeper hacía fallar. Y la temporada que no anunciaba esto.
Solo ponches, boletos y jonrones. Los mejores de 2026, los que tuvieron ayuda y los que merecían más.
9-19 con Thomson, 79-55 con Mattingly: cinco victorias más que Atlanta desde el despido. Y la letra chica de los juegos de una carrera.
Cómo nació con los Rays en 2018 y por qué dos equipos arrancan el comodín de 2026 sin un abridor de verdad.
Desde la salida de Dana Brown, Houston permitió casi una carrera menos por juego. Y Yordan Álvarez bateó como si fuera otro deporte.
41, 60, 84 victorias. Una mejora de 362 carreras de diferencial en dos años, con el cubano Miguel Vargas en el centro.
Ocho comodines ganaron la Serie Mundial desde 1995. Y en 2026 un equipo de 93 victorias juega la primera ronda mientras uno de 85 descansa.
Sencillo, doble, triple y jonrón en el mismo juego. Cuatro peloteros lo lograron en 2026 y dos de ellos sin desperdiciar un turno.
Mason Miller promedió 101.4 millas por hora en la temporada completa. Cinco de los diez brazos más veloces de la liga son latinos, de cinco países distintos.
Los Tigres jugaron como un equipo de 83 victorias y ganaron 71. Cincinnati hizo justo lo contrario.
Punto y medio de diferencia, la brecha más grande de las Grandes Ligas entre los lanzadores con cien o más entradas.
Uno tiene marca de 17-5. Otro, de 6-8. El segundo ha lanzado mejor, y los números lo demuestran.
En la Americana las dos escuelas señalan al mismo hombre. En la Nacional no se ponen de acuerdo ni de lejos.
Tres lanzadores viven de la suerte y tres la sufren. La brecha entre el ERA y el xERA los delata a todos.
Cinco relevistas entre los mejores del béisbol controlando el conteo, y con efectividades malas. Por qué pasa.
Una división de primaria que detecta a un buen lanzador semanas antes que la efectividad.
Paul Skenes tiene 3.90 de efectividad y el séptimo mejor contacto permitido de la liga. Las dos cosas son ciertas.
La efectividad responde a la pregunta equivocada. El xERA responde a la correcta.
Mason Miller lanza a 101.5 mph de promedio y tira más sliders que rectas. Esa contradicción es la lección.
Una división que hace un niño de diez años y sigue contestando lo esencial mejor que casi todo lo demás.
Una suma que un estadístico jamás aprobaría y que, aun así, acierta casi siempre.
El número que dice si una racha es talento o es dónde cayeron las pelotas.
Le pega más duro que Schwarber y conecta quince jonrones menos. El ángulo explica por qué.
Entre el estadio más generoso y el más tacaño hay más del doble de diferencia. Y Coors Field no lidera la lista.
Dos caminos opuestos para dominar: Wheeler casi no pisa la zona, Tolle vive dentro. Los dos funcionan.
Uno tira slider más de la mitad de las veces. Otro tiene siete lanzamientos distintos.
Veintitrés robos y cero capturas contra veintiocho robos y trece. Solo uno de los dos ayuda.
Casi la mitad de los partidos llegan al segundo episodio en blanco. Es el único momento que se juega siempre igual.
Más de la mitad de las carreras se anotan antes de la sexta. El béisbol remonta menos de lo que creemos.