Actualizado el 30 de septiembre de 2026: la tabla ya es de la temporada regular completa y hay un caso real de octubre: la noche en que Michael King tuvo un 38% de CSW contra los Cubs.
La definición, sin rodeos
CSW% = (strikes cantados + abanicos) ÷ lanzamientos totales
Eso es todo. De cada cien pelotas que tira un lanzador, cuántas terminan en strike sin que el bateador ponga la pelota en juego. Dos maneras de conseguirlo:
- Strike cantado (called strike): el bateador no se movió y el ampáyer cantó strike. El lanzador ganó por ubicación.
- Abanico (whiff): el bateador tiró y le dio al aire. El lanzador ganó por engaño o por potencia.
Las dos cosas cuentan igual, y esa es la elegancia del asunto: no importa cómo lo dominaste, importa que lo dominaste.
La escala rápida: 26-28% es promedio. Sobre 30% es muy bueno. Sobre 33% es élite. Por debajo de 25%, el lanzador está viviendo de que le atrapen los batazos.
Por qué es mejor que el ERA para juzgar rápido
Aquí está la razón por la que a la gente de datos le encanta esta métrica: se estabiliza mucho más rápido.
Piensa en cuántas cosas tienen que pasar para que la efectividad de un lanzador signifique algo. Necesita lanzar muchas entradas. Necesita que su defensa juegue normal. Necesita que los batazos duros vayan a los guantes en la proporción esperada. Necesita que el bullpen no deje anotar a los corredores que él dejó en base. Son decenas de partidos antes de que el número deje de ser ruido.
El CSW% no depende de nada de eso. Cada lanzamiento es un dato. Un abridor acumula noventa o cien por salida, así que en tres o cuatro aperturas ya tienes trescientos datos limpios sobre si ese hombre está dominando o no. Para entonces su efectividad todavía es una lotería.
Por eso el CSW es la métrica de la sospecha temprana: es lo que miras cuando alguien empieza fuerte y quieres saber si es de verdad.
Quiénes mandaron en 2026
Los diez mejores de la temporada regular completa, entre los 141 lanzadores con al menos 100 entradas:
| Lanzador | CSW% | Entr. | Efect. |
|---|---|---|---|
| Jacob Misiorowski | 35.4% | 174.2 | 1.80 |
| Gavin Williams | 33.5% | 184.1 | 3.76 |
| Jesús Luzardo | 32.9% | 179.2 | 2.85 |
| Chris Sale | 32.8% | 162.2 | 2.16 |
| Tarik Skubal | 31.9% | 158.2 | 2.72 |
| Cristopher Sánchez | 31.7% | 207.0 | 2.91 |
| Ian Seymour | 31.5% | 132.2 | 4.21 |
| Jared Jones | 31.2% | 101.2 | 3.72 |
| Dylan Cease | 31.2% | 169.0 | 2.40 |
| Braxton Ashcraft | 31.0% | 165.1 | 3.65 |
Entr.: entradas lanzadas. Efect.: efectividad.
El promedio de la liga, ponderado por entradas, cerró en 28.0%. Misiorowski le sacó más de siete puntos: de cada cien lanzamientos, siete strikes gratis más que un pitcher normal. Y fíjate en la mezcla: la aristocracia de siempre —Skubal, Sale— al lado de nombres que casi no salen en los titulares. El CSW no sabe quién es famoso. Solo cuenta strikes.
Otro detalle: tres de estos diez están en la misma serie de octubre. Luzardo, Sale y Cristopher Sánchez, el zurdo dominicano de La Romana, se reparten el Phillies-Braves del Wild Card de 2026.
Caso real: Michael King contra los Cubs
29 de septiembre, Juego 1 del Wild Card en San Diego. Michael King tiró 97 lanzamientos. 37 terminaron en strike cantado o en swing fallado: 38.1% de CSW.
Pa' que tengas una idea: en toda la temporada regular, ningún lanzador con 100 entradas pasó de 35.4%. Y el propio King la cerró en 28.5%, clavado en el promedio de la liga. Por una noche, un pitcher de CSW normalito tiró como el mejor del año.
Se repartió así: 20 strikes cantados, en los que el bateador ni se movió, y 17 swings al aire, dos de ellos foul tips que se quedaron en el guante del receptor. Ubicación y engaño casi a partes iguales. El resultado: 7 entradas, 1 hit, 0 carreras, 3 boletos y 8 ponches. Padres 8, Cubs 0.
Del otro lado, Matthew Boyd se quedó en 24.1% (14 de 58) y salió después de 4 entradas con 4 carreras encima.
Esa misma noche, en el Bronx, Cam Schlittler llegó a 35.0% (41 de 117) con una recta que tocó las 101 millas: 6.1 entradas, 2 hits, 0 carreras y 10 ponches a los Red Sox. Su temporada fue de 30.3%.
La noche completa, con el reparto por lanzamiento y la temporada que traía, está en Michael King ante los Cubs: siete entradas y un hit.
Ojo: un juego es un juego. El CSW se vuelve confiable en montones de lanzamientos, no en uno solo. Pero para contar una noche, dice clarito quién tenía su material.
Las tres trampas del CSW%
Ninguna métrica es un oráculo, y esta tiene tres límites que conviene conocer antes de presumirla en una discusión.
1. No sabe qué pasa cuando conectan
El CSW mide lo que ocurre antes del contacto. Si el poco contacto que permites sale por encima de la barda, tu CSW seguirá siendo bonito mientras tu efectividad se hunde. Pasa más de lo que parece.
2. No penaliza las bases por bolas
Puedes abanicar a un bateador y regalarle la base al siguiente: el CSW ni se entera. Un lanzador con mucho abanico y mucho boleto puede tener un CSW excelente y ser un dolor de cabeza.
3. Depende del ampáyer
Los strikes cantados los canta una persona. Un ampáyer con zona ancha regala CSW a los dos equipos. En muestras grandes se compensa, pero en cuatro aperturas no.
Cómo usarlo tú, en la práctica
Tres reglas sencillas que funcionan:
- Como detector temprano. Si alguien empieza la temporada con una efectividad brillante pero un CSW de 24%, desconfía. La caída viene.
- Como red de rescate. Si a alguien le están dando palos pero su CSW anda por 33%, lo más probable es que el problema sea circunstancial y no el brazo.
- Nunca solo. Míralo junto al xERA —que estima la efectividad merecida según la calidad del contacto permitido— y con el porcentaje de bases por bolas. El CSW te dice si domina; el xERA, si merece lo que le pasa.
Una última cosa
Lo mejor del CSW% es que puedes verlo desde el sofá. No necesitas descargar nada: es strikes cantados más abanicos. Cuenta los de un abridor durante dos entradas y vas a tener una idea sorprendentemente buena de si ese hombre tiene su material esa noche.
Hay métricas que exigen infraestructura, sensores y una hoja de cálculo. Y hay métricas que solo exigen prestar atención. Esta es de las segundas, y por eso es de nuestras favoritas: le devuelve al aficionado algo que la sabermetría a veces le quita — la sensación de que mirar el juego, de verdad, todavía sirve para algo.