Por qué cinco y no otro número
En el béisbol moderno se usa mucho la abreviatura F5, del inglés First 5 innings: las primeras cinco entradas. No es un corte arbitrario. Es, con diferencia, la mejor aproximación a "el partido que dirigió el abridor".
Cinco entradas es también el mínimo que un abridor necesita completar para optar al triunfo, así que la liga entera lleva un siglo organizando su pitcheo alrededor de esa frontera. Antes de la quinta, el partido lo escriben dos hombres. Después, lo reescribe un comité de relevistas.
El dato: sobre 1888 partidos, el promedio de carreras totales por partido es 8.93, y 4.98 de ellas se anotan en las primeras cinco entradas. Es decir, el 55.7% de todo lo que se anota.
Cinco de nueve entradas son algo más de la mitad del partido, así que ese 55.7% de las carreras parece decir que no pasa nada especial. Y es justo al revés: lo llamativo es que no se dispare al final, teniendo en cuenta que en las últimas entradas entran los relevistas más débiles y desaparecen los abridores.
Los estadios donde el partido se decide temprano
| Estadio del partido | Partidos | Carreras en 5 entradas | Carreras totales |
|---|---|---|---|
| Colorado Rockies | 60 | 6.58 | 11.37 |
| Athletics | 62 | 6.47 | 12.10 |
| Washington Nationals | 61 | 6.25 | 10.97 |
| Pittsburgh Pirates | 65 | 5.97 | 10.45 |
| Houston Astros | 64 | 5.83 | 9.41 |
Otra vez los mismos nombres. El estadio de Colorado y el de los Athletics —los dos que ya encabezaban los factores de parque y los dos que menos primeras entradas en blanco producen— vuelven a aparecer arriba.
Un partido en Colorado llega a la quinta entrada con 6.58 carreras de promedio: más de lo que muchos partidos acumulan en nueve. Y termina en 11.37, casi dos carreras y media por encima del promedio de la liga.
El dato que más sorprende
Solo 88 partidos de 1888 llegaron al final de la quinta entrada sin una sola carrera. Es el 4.7%.
Dicho de otro modo: en más de nueve de cada diez partidos, alguien ya anotó antes de la sexta. El duelo de pitcheo cerrado —esos partidos que se recuerdan durante años— es mucho más raro de lo que la memoria sugiere. La memoria guarda las excepciones, y por eso creemos que pasan más seguido.
Para qué sirve mirar el partido así
Para juzgar al abridor sin el ruido de lo que vino después. Un abridor puede salir con el partido controlado y perder por lo que hizo el bullpen dos entradas más tarde. El resultado final le adjudica una derrota que no describe su trabajo. Las cinco entradas sí.
Para comparar equipos por dónde está su fuerza. Hay novenas construidas alrededor de una rotación sólida y otras alrededor de un bullpen profundo. El reparto de carreras entre las primeras cinco y las últimas cuatro dice cuál es cuál mejor que cualquier declaración de pretemporada.
Y para entender la forma real de un partido de béisbol. No es una curva que sube al final, como en el baloncesto. Es una meseta larga que se establece temprano y que después se defiende.
Las trampas
Dos, y conviene tenerlas presentes:
- La tabla agrupa por estadio, no por equipo. En cada partido juegan dos novenas, así que lo que se mide es el escenario y los dos participantes, no la ofensiva del anfitrión.
- Cinco entradas no siempre son el abridor. Si lo sacan en la tercera, esas cinco entradas ya incluyen relevo. El corte es una buena aproximación, no una definición exacta.
Lo que nosotros sacamos de esto
Que el béisbol se parece menos a una remontada de lo que nos gusta contar. Más de la mitad de lo que se anota, se anota mientras el abridor todavía está en el montículo, y en poco menos del cinco por ciento de los partidos el marcador aguanta virgen hasta la sexta.
Las remontadas existen y son lo que hace inolvidable a este deporte. Pero cuando la pelota lleva cinco entradas en el aire, el partido, casi siempre, ya dijo lo que venía a decir.