El problema con las yardas totales
Dos equipos terminan un domingo con 400 yardas de ofensiva cada uno. Parecen iguales. Casi nunca lo son.
El primero acumuló sus yardas en pases cortos que dejaron al equipo en tercer down y largo una y otra vez, más una entrega de 60 yardas en el último cuarto con el partido ya decidido. El segundo movió la cadena de forma constante, convirtió sus terceros downs y anotó cinco veces.
Las yardas totales tratan igual a las dos ofensivas porque cuentan terreno sin preguntar cuándo ni para qué. Es una suma, y el fútbol americano no es un deporte de sumas: es un deporte de situaciones.
El problema tiene nombre técnico, garbage time, el tiempo de basura. Un equipo que va perdiendo por veinte puntos recibe una defensa blanda que solo quiere evitar la jugada larga y gasta reloj. Las yardas que acumula ahí son reales y casi irrelevantes. Y son suficientes para mover una tabla de líderes.
La unidad correcta es la jugada
La idea que cambió el análisis del fútbol americano es sencilla de enunciar: cada situación de juego tiene un valor.
Primer down en la yarda 20 propia no vale lo mismo que primer down en la yarda 30 rival. Tercer down y una yarda no vale lo mismo que tercer down y once. Con décadas de jugadas registradas se puede calcular, para cada combinación de down, distancia, posición en el campo y tiempo restante, cuántos puntos anota en promedio un equipo a partir de ahí. Eso son los puntos esperados.
A partir de ahí, la métrica central:
EPA — puntos esperados añadidos. Es la diferencia entre el valor de la situación antes de la jugada y después. Un pase de ocho yardas en tercero y cinco convierte el down y suma EPA en abundancia. Un pase de ocho yardas en tercero y quince gana terreno y resta, porque entrega el balón. La misma ganancia de ocho yardas, valores opuestos.
Eso es lo que las yardas totales no distinguen y el EPA sí.
¿Fue suficiente esta jugada?
El EPA es preciso pero tiene una debilidad: una sola jugada espectacular puede inflarlo. Por eso se acompaña de una métrica más simple y más terca.
Success rate — tasa de éxito. Cada jugada se juzga como éxito o fracaso según si ganó una porción suficiente de lo que necesitaba. La convención estándar del análisis americano es esta:
| Down | Se considera éxito si gana |
|---|---|
| Primer down | 40% de las yardas necesarias |
| Segundo down | 60% de las yardas necesarias |
| Tercer o cuarto down | 100% de las yardas necesarias |
Una ofensiva con tasa de éxito alta es una ofensiva que se mantiene fuera de situaciones desesperadas. No dice cuántas yardas ganó; dice con qué frecuencia hizo lo que tenía que hacer.
La combinación de las dos métricas es lo que informa de verdad:
- EPA alto y tasa de éxito alta: una ofensiva buena y consistente.
- EPA alto con tasa de éxito baja: una ofensiva de explosiones. Emocionante, irregular, difícil de sostener.
- EPA bajo con tasa de éxito alta: mueve la cadena pero no convierte en puntos. Suele fallar en zona roja.
- Los dos bajos: no hay nada que interpretar.
Ajustar por el rival
Falta una corrección evidente. Una ofensiva que acumuló buenos números contra las tres peores defensas de la liga no es comparable a otra que hizo lo mismo contra las tres mejores.
DVOA — valor por encima del promedio, ajustado por defensa. Compara cada jugada de un equipo con lo que hace un equipo promedio en esa misma situación, y después ajusta el resultado según la calidad de los rivales enfrentados. Se expresa como porcentaje sobre o bajo el promedio de la liga.
En una temporada de diecisiete partidos, donde el calendario de cada equipo es distinto por diseño, ese ajuste no es un refinamiento: es la diferencia entre comparar y no comparar.
Qué mirar, entonces
Cuando lea una tabla de la NFL, el orden de fiabilidad es aproximadamente este:
- EPA por jugada y tasa de éxito, separando ofensiva, defensa y equipos especiales.
- Métricas ajustadas por rival, como DVOA, sobre todo en la primera mitad de la temporada, cuando los calendarios aún son muy desiguales.
- Rendimiento en situaciones concretas: tercer down, zona roja, primer down.
- Yardas totales, al final y con cuidado.
Y un aviso sobre el récord de victorias y derrotas. En una temporada de 17 partidos, un equipo puede terminar con marca ganadora habiendo sido superado en la mayoría de sus encuentros, simplemente porque ganó tres partidos cerrados por un punto. El récord es el resultado; las métricas por jugada son el proceso. Cuando los dos no coinciden, el proceso suele tener la razón sobre lo que viene después.
Lo que los números todavía no capturan bien
Tan importante como saber qué mide cada métrica es saber qué se le escapa.
El bloqueo. La línea ofensiva es la unidad peor medida del deporte. Existen métricas de presión permitida y de tiempo hasta el pase, pero atribuir mérito individual dentro de una línea sigue siendo terreno de video, no de tabla.
La cobertura individual. Sin datos de seguimiento posicional es muy difícil separar al esquinero que nunca recibe pases porque nadie se atreve del que nunca los recibe porque su lado no es el atacado.
Las lesiones y la profundidad del plantel. Un número de temporada promedia semanas con titulares y semanas sin ellos como si fueran el mismo equipo. No lo son.
Los equipos especiales. Pesan menos que ataque y defensa, pero deciden partidos y casi nunca aparecen en la conversación.
Por eso la regla de la casa es la misma que en béisbol: el número acota la discusión, no la sustituye. Cuando digamos que una ofensiva es mejor de lo que indica su récord, será porque el EPA y la tasa de éxito lo sostienen, y lo diremos con la métrica delante para que usted pueda estar en desacuerdo con argumentos.
Lo que vamos a publicar aquí
Esta sección arranca con el método antes que con las conclusiones, igual que hicimos con la sabermetría en béisbol y con los goles esperados en fútbol.
Lo que verá en ScannerQuant: análisis de lo ya ocurrido, explicaciones de conceptos y contexto de temporada. Lo que no verá: previas de partidos concretos ni pronósticos de resultados. Eso no es lo que hacemos.