Epy Guerrero, el hombre que encontró 54 grandeligas con su ojo

Antes de las academias con aire acondicionado, antes de las cámaras que miden cada batazo, hubo un dominicano que recorría los campos polvorientos de su isla con una certeza en la mirada y casi nada más. Se llamaba **Epy Guerrero**, y los jugadores que firmó con su ojo terminaron sumando **cincuenta y cuatro grandeligas**. Esta es la historia del cazatalentos que probó que, a veces, el mejor instrumento del béisbol es un buen par de ojos y la terquedad para confiar en ellos.

Una vida buscando

Epifanio Obdulio "Epy" Guerrero nació en Santo Domingo el 3 de enero de 1942 y murió el 23 de mayo de 2013, a los setenta y un años. En el medio cabe casi medio siglo de scouting: trabajó para los Astros, los Yankees, los Blue Jays y los Brewers, pero fue como jefe de scouting latinoamericano de Toronto donde construyó su leyenda. Las fuentes lo describen como el scout que firmó a más amateurs que después llegaron a Grandes Ligas que ningún otro en su época.

Guerrero no tenía algoritmos. Tenía kilómetros. Recorría la isla buscando muchachos que nadie más se había molestado en ir a ver, y veía en ellos al jugador que serían dentro de cinco años.

Los nombres

La lista de jugadores que pasaron por su ojo es de las que callan a cualquiera: Tony Fernández, Carlos Delgado, Alfredo Griffin, Kelvim Escobar, entre muchos otros. Cincuenta y cuatro de ellos llegaron a Grandes Ligas. No es una cifra de folleto: es el resultado de décadas de acertar más que el promedio en el oficio más incierto del deporte.

La historia que lo retrata entero

Si hay una anécdota que define a Epy Guerrero, es esta. Cuando Tony Fernández —que llegaría a ser un campocorto de élite y figura de los Blue Jays— tenía apenas quince años, una lesión de rodilla amenazaba con apagar su carrera antes de encenderla. Guerrero, según cuentan las fuentes, ayudó a gestionar y pagar la operación del muchacho. Poco después lo firmó.

Léelo con calma, porque dice más sobre el scouting latino que cualquier reporte: el cazatalentos no esperó a que el talento estuviera servido. Invirtió en el ser humano antes que en el jugador, arregló la rodilla antes de pensar en el contrato. En una isla donde el béisbol es una de las pocas puertas de salida, scouts como Guerrero no solo descubrían estrellas: a veces las salvaban.

El pionero detrás del pionero

Conviene poner a Guerrero en su sitio histórico, porque suele quedar a la sombra de las grandes academias corporativas. En 1973 fundó una academia propia en República Dominicana —privada, con sus medios—, catorce años antes de que los Dodgers abrieran Campo Las Palmas. Es decir: cuando el béisbol organizado todavía recogía talento dominicano a la buena de Dios, Guerrero ya había entendido que había que formarlo. Fue un adelantado, y el reconocimiento le llegó en vida: entró al Salón de la Fama del Deporte Dominicano.

En una frase

Epy Guerrero es la prueba viviente de que el ojo humano, bien entrenado y bien intencionado, escribió buena parte de la historia del béisbol latino mucho antes de que llegara la primera cámara. Cincuenta y cuatro grandeligas no se firman por suerte: se firman por kilómetros, por instinto y por corazón.

Fuentes: SABR BioProject ("Epifanio Guerrero"); Sports Illustrated (obituario, mayo 2013); Wikipedia, "Epy Guerrero". Consultado en junio de 2026.
← Más piezas de la Serie Scout